Una regla ¿necesaria? para la pelota cubana


El béisbol es difícil de entender. Sus múltiples reglas e innumerables estrategias lo han convertido en una modalidad deportiva especial y durante un largo tiempo, mientras otras especialidades han complacido a televisoras y patrocinadores con modificaciones en sus pautas de juego, la pelota ha permanecido casi intocable; aunque no pocos demandan cambios.

Una de las principales exigencias al béisbol era la disminución del tiempo de cada partido. Tres horas parecía un período muy prolongado para mantener la atención de los espectadores frente al televisor y de los fanáticos en los estadios. Disímiles propuestas llegaron a la mesa de los ejecutivos de la Federación internacional (IBAF, por sus siglas en inglés) y en 2008, finalmente, el entonces presidente de la organización, el estadounidense Harvey Schiller, utilizó su influencia para expandir la utilización de la llamada “regla Schiller”.

Esta modificación en los centenarios reglamentos del juego planteaba que los equipos, a partir del undécimo inning, debían colocar a dos hombres en base y el director tenía la opción de elegir con cuál bateador comenzaría la ofensiva en ese capítulo. Aquella decisión de Schiller motivó no pocas críticas. En Cuba abundaron. “Iba en contra de la esencia del deporte”, “buscaba complacer a los patrocinadores”; además, tampoco resolvía los problemas de duración de los encuentros, pues el porciento de desafíos que se extendían más allá de la novena entrada, en realidad, era muy pequeño.

La primera experiencia para Cuba con la “regla Schiller” ocurrió en la Olimpiada de Beijing, en 2008, en el partido de la etapa clasificatoria ante Estados Unidos. El duelo llegó igualado a tres carreras al undécimo. Después la selección nacional marcó dos anotaciones más, por solo una de los estadounidenses. A pesar de los criterios adversos, la regla se mantuvo e incluso la IBAF estableció que, en lugar del onceno, la modificación debería aplicarse desde el décimo episodio.
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Incongruencias beisboleras en Cuba

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Acabo de observar el programa televisivo “Al duro y sin guante” y cada vez me surgen más interrogantes sobre varias de las decisiones que regirán la 50 Serie Nacional de béisbol en Cuba…Algunas son realmente importantes; otras, cuestión de detalles:

– Parece que evocar al pasado no está de moda…al menos en el béisbol. Quizás todo vestigio de “profesionalismo” es dañino o tal vez lo que queremos es incentivar la producción camaronera en Cienfuegos, para así recaudar divisas. Me explico: en el uniforme que llevará la selección de Cienfuegos en la Serie reaparece como logo en la manga derecha de la camisa…el camarón; pero resulta que durante varias campañas los aficionados de esa provincia central han elegido al Elefante como su mascota. Esta no fue una elección al azar, ya que recuerda a aquellos Elefantes de Cienfuegos (que en realidad no jugaban allí) de la Liga profesional cubana. Encima del banco donde se sentarán los peloteros cienfuegueros en el estadio “5 de Septiembre” pintaron un elefante; sin embargo, persiste el camarón. Tozudo animal….

– Durante muchísimos años los peloteros en edad juvenil pudieron intervenir en la Serie Nacional. Para algunos era “quemar etapas”; pero muchas de las estrellas que tuvo la pelota cubana comenzaron sus rutas y andares por los terrenos entre los 16 y 18 años. El ejemplo más famoso es el de Omar Linares; aunque la lista ha crecido con el tiempo. Entonces, de repente, aparece un nuevo reglamento en el que se plantea que lo “más importante es el estudio”…por tanto, NINGÚN pelotero en edad juvenil podrá intervenir en la 50 Serie Nacional. ¿Dónde van a perfeccionar su formación? ¿En las ESPA? ¿En los campeonatos juveniles? Creo que sería inteligente (¡lo ha sido a lo largo de la historia!) y muy útil para las provincias insertar a sus estrellas juveniles con los mayores. ¿Con límites de veces al bate? ¡Perfecto! ¿Con un riguroso control de lanzamientos en el caso de los pitchers? ¡Por supuesto! Cualquier variante sería válida…menos la de dejar fuera a los juveniles. Imagino que los Gourriel en Sancti Spíritus no estarán muy felices con la confirmación de esta noticia.

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