Contador sin frenos

Contador podría volver al Tour de Francia 2011

Contador podría volver al Tour de Francia 2011

Después de siete meses de incertidumbre, la Federación española de ciclismo finalmente encontró a un culpable muy conveniente: carne de res contaminada. Alberto Contador puede respirar tranquilo; también su admirador, el presidente José Luis Rodríguez Zapatero y, de seguro, los patrocinadores del tres veces campeón del Tour de Francia están complacidos con el fallo de la organización que invalidó la sanción por dopaje que había recibido el atleta; pero esa “tranquilidad” podría ser momentánea porque no todos creen en la imparcialidad de la decisión.

“En España cada año se producen detenciones a ganaderos por engordar ilegalmente ganado con clembuterol”, dijo Contador cuando supo que los exámenes antidoping que le realizaron en el Tour 2010 habían sido positivos. En su organismo estaba la huella de una sustancia reconocida por la Asociación mundial antidopaje (AMA) como “agente anabólico”, por lo que se inició una investigación que concluyó con la separación del atleta de todas las competiciones ciclísticas.

Desde el primer momento el argumento utilizado por Contador y su equipo de abogados fue la ingestión de carne contaminada. La explicación quizás parecía un recurso desesperado por salvar la imagen y probablemente la carrera del famoso deportista; pero la Unión ciclística internacional (UCI) tardó muchísimo tiempo en dar a conocer el resultado de su estudio. Esta demora despertó sospechas y abrió el camino a múltiples especulaciones.

No obstante, la Federación española aprobó, en un inicio, la sanción; sin embargo, luego, para sorpresa de no pocos, los directivos reconsideraron su posición y absolvieron al ciclista, por una supuesta falta de evidencias. La ambigüedad de la organización, en realidad, aumentó las dudas sobre la existencia de presiones externas para cambiar el veredicto.

Uno de los primeros que saludó la modificación de la decisión fue el mandatario Rodríguez Zapatero quien publicó un mensaje en la red de microblogging, Twitter. “No había ningún razón jurídica para sancionarlo”, afirmó. Ni sus declaraciones, ni las del líder de la oposición, Mariano Rajoy, fueron bien recibidas por el titular de la Federación española, Juan Carlos Castaño, pues podían ser interpretadas—  así sucedió— como injerencias políticas.
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Los dulces sueños de Lance Armstrong

Lance Armstrong dice que duerme tranquilo porque las investigaciones sobre el dopaje en Estados Unidos no le quitan el sueño. Parece que es uno de los pocos atletas y directivos en el mundo del ciclismo que, supuestamente, descansa sin preocupaciones, ya que cada cierto tiempo este deporte se estremece con la adición de un nuevo nombre a la extensa lista de sospechosos de consumir, alentar o permitir las sustancias prohibidas.

El siete veces ganador del Tour de Francia anunció su retiro en 2011 y pidió que no le levantaran un monumento; pero si se llegara a confirmar que nunca hizo trampas, que ganó todos los títulos sin llenarse su cuerpo de las más modernas drogas, que su antiguo compañero de equipo, Floyd Landis, volvió a mentir, quizás en la placa de la proyectada estatua para honrar la figura de Armstrong podría esculpirse esta frase: “Un campeón legítimo”.

No todos creen en la sinceridad de Armstrong; aunque su más reciente acusador, realmente, tiene muy poca credibilidad. En 2006 el estadounidense Floyd Landis asombró a todos al ganar el Tour; sin embargo, poco después el examen antidoping mostró que sus niveles de testosterona estaban por encima de lo permitido. Landis perdió el título, aunque mantuvo, por largo tiempo, sus declaraciones de inocencia. En 2010 finalmente reconoció lo que no era un secreto para nadie; pero lo más interesante fue que en su “mea culpa” dijo que otros ciclistas, entre ellos Armstrong, también estaban implicados en el dopaje.
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Galgos persiguen al dopaje

Nadie podrá negarles a las autoridades españolas su creatividad al nombrar a los operativos que, desde hace ya casi un lustro, intentan detener las amplias redes de creación y distribución de sustancias prohibidas entre atletas de alto rendimiento.

Puerto”, “Grial” y ahora “Galgo” llevaron ante el sistema judicial a entrenadores, deportistas y médicos; sin embargo, parece que estas operaciones no han podido llegar hasta el fondo de los problemas, ni las condenas han logrado disuadir a los tramposos que perseveran en su empeño de ganar competencias con músculos fortalecidos artificialmente.

Primero fue la llamada “Operación Puerto”, en mayo de 2006, considerada una de las alertas más fuertes que ha recibido el ciclismo en su historia. El descubrimiento de casi 200 bolsas de sangre, pertenecientes a importantes corredores, como Jan Ulrich e Iván Basso, mostró al mundo que algo andaba—todavía anda—muy mal en ese deporte que, inexplicablemente para algunos, continúa dentro del programa olímpico.

Tres años más tarde, en Valencia se desarrolló la “Operación Grial”, en la que las autoridades detuvieron al médico Walter Virú y encontraron en la casa del corredor Paquillo Fernández sustancias dopantes. Tanto “Puerto” como “Grial” tuvieron un gran impacto en fanáticos y especialistas; sin embargo, no sería arriesgado afirmar que el más reciente escándalo, “Galgo”, podría superar a sus nada ilustres predecesores.

El 2010 lucía como un año casi perfecto para el deporte español, sobre todo gracias al triunfo de la selección nacional de fútbol en el Mundial de Sudáfrica; pero dos noticias relacionadas con el dopaje han vuelto a golpear—lamentablemente— la credibilidad de los atletas ibéricos. Primero fue el caso del ciclista Alberto Contador quien después de ganar su tercer Tour de Francia quedó envuelto en un extraño caso de doping, a partir de la detección de clembuterol en una muestra de sangre.
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