Presidentes en el banquillo de acusados

Silvio Berlusconi tiene una íntima relación con los tribunales italianos. Allí lo conocen muy bien; aunque el primer ministro no sabe cómo es la cárcel por dentro, ya que ha utilizado, una y otra vez, las conexiones políticas y una fortuna de miles de millones de euros para escapar de las múltiples acusaciones recibidas. No pocos dudan que los nuevos cargos en su contra, por prostitución de una mujer menor de edad, también terminen en el limbo legal.

Quizás el más reciente escándalo del sórdido multimillonario no tendría mucho interés para el universo deportivo, si no fuera porque Berlusconi… es dueño del club Milán A.C, líder actual del Calcio y una de las selecciones con mayor número de seguidores en todo el mundo.

La imagen de “Il Cavaliere” se ha ido deteriorando, en un proceso lento y al parecer irreversible; pero tal vez esto no le importe tanto el extravagante político, de 74 años, quien mantiene su riqueza, sustentada en un enorme imperio de telecomunicaciones que le permite controlar una parte importante de la prensa privada italiana y, de cierta forma, ejercer presión sobre la estatal.

Berlusconi ha abierto su chequera en innumerables ocasiones para atraer a la grama del estadio San Siro a muchas de las principales estrellas del fútbol. Los métodos utilizados al obtener los servicios de esos grandes astros han recibido algunas críticas; pero para no pocos fanáticos los títulos del Calcio y de la Liga de Campeones son más importantes.

Esta visión del “resultado deportivo justifica los medios” es compartida y defendida por muchos, no solo en el fútbol. A partir de esa apreciación se puede entender que aunque la credibilidad de Berlusconi como persona sea cada vez menor y en los tribunales se hayan demostrado sus múltiples delitos— corrupción, falsificación de balance, financiación ilícita de un partido político—en realidad “Il Cavaliere” podría perder, definitivamente, su carrera política; sin embargo, luce muy afianzado como propietario del Milán.

Otro de los grandes equipos del mundo—para muchos el mejor—, el Barcelona, también ha atravesado una crisis reciente de credibilidad en su junta directiva. En 2003 Joan Laporta sustituyó a Joan Gaspart en la presidencia del club y desde el primer momento planteó que su principal objetivo sería “Primero, el Barça” para recuperar las posiciones perdidas en Europa. Después de dos períodos de mandato—no consecutivos— los números indican que los blaugranas lo ganaron absolutamente todo bajo el “liderazgo de Laporta: cuatro títulos de Liga; dos de Liga de Campeones; una Copa del Rey;  una Supercopa de Europa y una Copa Mundial de clubes.

A pesar de la diversidad de títulos, la estancia de Laporta al frente de los destinos del Barcelona no concluyó en los mejores términos. Los socios del club no estaban conformes con su gestión económica, así que decidieron elegir a un nuevo presidente, Sandro Rosell. La pérdida de las elecciones fue el menor de los problemas para el catalán, porque de inmediato la nueva junta comenzó una investigación para conocer, a fondo, la situación económica que había dejado atrás Laporta. Era difícil aceptar que un club tan exitoso pudiera tener deudas cercanas a los 50 millones de euros.
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