Renacen las Estrellas de Gigi Hemingway

Imagen del juego de béisbol en Finca Vigía El XIII Coloquio Internacional Ernest Hemingway culminó este domingo 19 en la Finca Vigía. Una vez los ómnibus transportaron a los participantes del evento desde el centro de la ciudad hasta el recóndito paraje que Marta Gellhorn comprara definitivamente en 1940; un grupo de niños vestidos con uniformes de peloteros impresionaron a muchos con un hecho al que prácticamente la historia no ha hecho referencia.

Cuando Hemingway se instaló de forma definitiva en Finca Vigía decidió crear un equipo de béisbol infantil. Recordemos que era un gran aficionado a la pelota y así lo demuestran algunas referencias a jugadores halladas en sus obras, además de que no pocas veces se le encontró en estadios de La Habana, como el de la Tropical o el Cerro. Hemingway llamó a su equipo infantil Las estrellas de Gigi, pensando en su hijo Gregory. La historia de la localidad de San Francisco de Paula cuenta que este fue el primer equipo infantil que se creo en ese espacio y que Papa lo capitaneó y financió los costos de los implementos y trajes de peloteros. El diseño incluía una franela azul y una estrella blanca en la gorra. Entre los integrantes estaban algunos muchachos del barrio y sus hijos Gregory y Patrick.

Casi 70 años más tarde, el antiguo terreno de pelota de la Finca Vigía ha sido recuperado y un grupo de alrededor de veinte niños, acompañados de padres y familiares, esperaban la voz de mando de su preparador Jorge Rey para iniciar el juego. A la cuenta de tres, definitivamente comenzó la acción y los muchachos de entre 6 y 9 años de edad encarnaron sus roles.

Escena del juego en Finca Vigía, domingo 19 de junio de 2011 Cuenta el actual director de Las estrellas de Gigi, Jorge Rey, que este proyecto surgió como un regalo por el cumpleaños 80 de Oscar Blas Fernández, uno de los primeros integrantes del equipo fundado por Hemingway, a quien Papa llamó cariñosamente Cayuco Jonronero”. Cayuco, cuando pequeño, había pedido insistentemente a los reyes magos que cumpliesen su sueño de hacerlo pelotero: quería con ansias un traje y una pelota, y fue Hemingway quien le dio esa oportunidad.

Con la idea de Jorge Rey y el colectivo de la Finca Vigía, no solo se continúa una tradición fundada por Hemingway, sino que se ha creado un espacio en el que la comunidad de San Francisco de Paula interactúa con la Finca Vigía y con la obra del novelista. Ese era, a fin de cuentas, el propósito hemingwayano, cuando dijo que su finca sería el hogar de todos los muchachos del barrio.

Mientras los niños jugaban y Cayuco jonronero revivía su infancia al lado del actor norteamericano Brian Gordon Sinclair, los estudiosos de la obra de Hemingway avanzaban hacia la zona donde debían sentar las bases para un próximo encuentro, que contribuirá a enriquecer los estudios sobre aquel hombre que se catalogó ante las cámaras cubanas como un cubano sato. 

Fotos y fragmento del artículo original, publicado por María del Carmen Ramón para CubAhora

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Hemingway, los toros y la decisión catalana

Quizás ningún otro escritor haya sido más amante de las corridas de toros que Ernest Hemingway. A este “arte” le dedicó artículos periodísticos y un libro, no tan exitoso, “Muerte en la tarde”; sin embargo, en la obra del norteamericano aparece un sentimiento ambiguo hacia la tauromaquia, similar al que puede apreciarse hoy en algunas de las reacciones ante la decisión del parlamento de Cataluña de prohibir las corridas a partir de 2012.

Hemingway asistió por primera vez a una corrida en 1923. En aquel entonces tenía 24 años y escribía crónicas para el diario canadiense Toronto Star Weekly. Uno de sus artículos el joven periodista lo tituló “La corrida de toros es una tragedia” y en él relató sus impresiones de la visita a una plaza madrileña.

“Tampoco voy a hacer una apología de la fiesta de toros”, escribió Hemingway en la crónica, “es una supervivencia de la época del Circo romano, pero es necesario explicar una cuestión: la tauromaquia no es un deporte—nunca lo fue—, sino una tragedia; la gran tragedia de la muerte del toro que se representa en tres actos”, concluyó el autor, quien confesó en una ocasión haber presenciado la muerte de, al menos, 1500 toros en las plazas.

Algún tiempo después, Hemingway asistió a las fiestas anuales de Pamplona y allí se animó a correr delante de los toros e incluso recibió la cornada de uno. Su siguiente artículo en el periódico se adentró en las interioridades de las famosas festividades que cada año continúan convocando a miles de personas a esa ciudad de Navarra y aunque realizó un amplio recuento de su recorrido por la ciudad, acompañado por su primera esposa, no quiso incluir los detalles de su desafortunado encuentro con el animal que sí llegó a los titulares del diario para el que trabajaba.
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