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La condena de Barry Bonds

Sus antiguos compañeros de equipo lo confirman; además, las pruebas médicas y declaraciones de testigos aseguran que la cabeza de Barry Bonds creció y sus testículos se encogieron como resultado del uso continuo de esteroides; sin embargo, el hombre que más cuadrangulares ha conectado en las Grandes Ligas sigue aferrado a un mismo argumento: cuando él tomaba pastillas o se inyectaba, lo hacía sin conocer que estaba introduciendo sustancias prohibidas en su cuerpo.

La historia comienza en 2003. Dos años antes Barry Bonds, la gran estrella de los Gigantes de San Francisco, de la Liga Nacional, logró el impresionante récord de 73 jonrones, en una misma temporada y rompió así la marca de otro famoso y ya confeso tramposo: Mark McGwire quien en 1998 disparó 70 vuelacercas.

Todo se complicó para Bonds cuando se destapó el escándalo de los laboratorios BALCO, en San Francisco. Allí se producían sustancias prohibidas, supuestamente indetectables—como la “célebre” THG—y luego se repartían entre deportistas de elite. No pocos peloteros quedaron involucrados, entre ellos Jason Giambi quien aprovechó las ventajas que le ofrecían “el transparente” y “la crema”—nombres en código de los esteroides— para obtener mejores resultados ofensivos.

El entrenador de Bonds en ese momento era Greg Anderson que también mantenía una relación con Giambi, al que le enviaba los productos realizados en BALCO. Anderson fue uno de los primeros implicados en las investigaciones y esto obligó a Bonds a declarar, bajo juramento, en una corte. En ese día de 2003 el jugador no lo pensó dos veces para afirmar, con voz segura, que nunca había utilizado sustancias prohibidas.
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El Cohete cerró sus puertas

En 2008 su nombre apareció en el Reporte Mitchell. Al siete veces ganador del premio Cy Young de las Grandes Ligas lo acusaban de utilizar la hormona de crecimiento humano para mejorar su rendimiento. Eso él no lo podía permitir, así que asistió ante un Comité de la Cámara de Representantes y juró decir la verdad, nada más que la verdad; pero varias pruebas indican que, en realidad, Roger Clemens, el “Cohete”, pronunció una mentira tras otra y por eso podría ir a la cárcel.

Antes de que se hiciera público, en 2007, el informe de 409 páginas, elaborado por una comisión, liderada por el senador George Mitchell, Clemens parecía tener su vida muy bien planificada: dos décadas en los montículos de las Mayores, dos anillos de Serie Mundial, 354 victorias, 4672 ponches y 3,12 de efectividad. Nadie hubiera pensado que el Cohete no era un legítimo candidato para ser exaltado al Salón de la Fama en su primera oportunidad. Entonces surgió el ya famoso reporte, en el que el nombre de Roger Clemens se mencionó en 82 ocasiones.

El escándalo no demoró en estallar y Clemens, al igual que tantos otros peloteros, fue convocado a un Comité de la Cámara, para que ofreciera su testimonio sobre las presuntas acusaciones por consumo de esteroides. En aquel momento pronunció una frase que con el tiempo se ha demostrado su certeza: “no importa lo que discutamos hoy, mi nombre nunca más quedará restablecido”.

Dos años después, el nombre de quien fue considerado uno de los lanzadores más dominantes de los últimos 20 años, ha sufrido un gran descrédito. El Cohete continúa insistiendo en su inocencia; aunque su antiguo entrenador, Brian McNamee, tiene una opinión distinta.

Este polémico hombre aseguró que inyectó a Clemens en más de una docena de ocasiones con la hormona de crecimiento humano (HGH), entre 1998 y 2001, cuando el Cohete vestía el uniforme a rayas de los Yankees de Nueva York. McNamee incluso les entregó a las autoridades federales gazas, frascos y agujas  que, alega, fueron utilizadas para inyectarle las drogas a Clemens. Una prueba del ADN podría corroborar o desmentir estas “evidencias”, que estuvieron guardadas en una caja, en la residencia neoyorquina de McNamee…durante ocho años. “Evidencias” poco creíbles, dirían muchos y con razón.
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El doble rostro de las Mayores

Soto y Ponson, suspendidos dos años...de las competencias internacionales

Soto y Ponson, suspendidos dos años...de las competencias internacionales

El segundo Clásico Mundial todavía produce noticias, casi medio año después que Japón retuviera su título en un torneo reconocido por muchos como el más fuerte de la historia; pero los titulares de los medios no resaltaban esta vez la excelente actuación del ídolo japonés Ichiro Suzuki en la actual temporada, sino los resultados positivos en las pruebas antidoping de dos jugadores que intervinieron en el evento.

Si en 2006, durante la primera edición del Clásico, solo se detectó un caso, ahora hubo un incremento en el número de exámenes y aparecieron más tramposos: el receptor puertorriqueño Geovany Soto y el lanzador holandés Sidney Ponson.
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La era de los esteroides

Portada del último y muy polémico libro sobre Alex Rodríguez

Portada del último y muy polémico libro sobre Alex Rodríguez

A la lista de peloteros tramposos se ha agregado un nuevo nombre: Manny Ramírez quien dijo haber pasado sin problemas 15 controles antidopaje en los últimos cinco años; pero nadie le creyó y la duda parece centrarse ahora en cuál será la próxima estrella de las Grandes Ligas en reconocer que utilizó sustancias prohibidas a lo largo de su carrera.

Más de 500 jonrones, dos títulos en las Series Mundiales con los Medias Rojas de Boston y una pésima reputación fuera de los terrenos podrían resumir, en breves líneas, la trayectoria de un jugador que nunca antes había sido mencionado en los libros escritos sobre el uso del doping en la pelota, ni tampoco en el Informe Mitchell de diciembre de 2007.

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¿Tú también Manny Ramírez?

Manny Ramírez, otro pelotero tramposo

Manny Ramírez, otro pelotero tramposo

Otra vez el dopaje llena de dudas al béisbol de las Grandes Ligas. Esta vez fue el turno de Manny Ramírez, el controvertido jugador que hizo soñar, al menos hasta ayer, a los fanáticos de los Los Angeles Dodgers con un regreso a las Series Mundiales.

Un análisis ha demostrado que Manny consumió sustancias prohibidas y deberá cumplir una suspensión de 50 juegos. Su nombre se une al de Alex Rodríguez, Barry Bonds, Gary Sheffield, Roger Clemens, Jason Giambi y la lista de tramposos sigue y sigue.

Manny firmó poco antes del inicio de la temporada un contrato de 25 millones de dólares por un año. ¿Cuánto recibirá después de la sanción? Todavía no he leído nada de esto. Concuerdo con el muy respetado cronista de Yahoo Sports, Jeff Passan, cuando este considera que ha llegado el tiempo de las condenas de por vida para los mentirosos. 50 juegos parece un chiste de mal gusto y los fanáticos le harán saber a Manny que ya no creen en él. Una realidad por la que ya han pasado Clemens, Alex y Bonds. Sin dudas otra gran sombra en la credibilidad del béisbol.

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Yo también lo siento Alex Rodríguez

Barry Bonds, entre jonrones y esteroides

Barry Bonds ¿alguien cree en sus números?

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Barry Bonds es el máximo jonronero de todos los tiempos en las Grandes Ligas y quizás mucho lo hayan olvidado, pero el ahora fornido jardinero vino a Cuba en 1984 y aquí también se anotó varios jonrones, aunque es probable que por esa fecha todavía no hubiera consumido esteroides.

Barry Bonds formó parte del equipo universitario norteamericano que participó en el Campeonato Mundial de 1984, celebrado en el estadio Latinoamericano de la capital cubana. En La Habana, Barry jugó en 11 de los 12 partidos de su selección y no le fue nada mal pues acumuló 3 dobles, 3 cuadrangulares y finalizó con 16 carreras impulsadas, solo superado por las 20 del italiano Roberto Bianchi. Estados Unidos lideró su grupo eliminatorio; pero luego, en la fase final, cayó dos veces y eso le costó terminar en la segunda posición.

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Yo también lo siento Alex

Alex Rodriguez, en el centro de la polémica

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Alex Rodríguez también es un mentiroso. Apenas un día después que la prestigiosa revista Sports Illustrated revelara que el nombre del pelotero mejor pagado en la historia del béisbol estaba incluido en la lista de 104 jugadores que habían dado positivo por el uso de sustancias prohibidas en 2003, Alex ofreció disculpas a los fanáticos.

No le acepto las disculpas. No me parecen sinceras en alguien que había asegurado, en todo momento, que se sentía “muy seguro sobre su cuerpo” para probar con drogas.
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