Grandes directores de todos los tiempos en la pelota cubana

Luque, Fuentes, Vélez ¿los mejores de todos los tiempos?

Luque, Fuentes, Vélez ¿los mejores de todos los tiempos?

Algunos gritan constantemente, se mueven todo el tiempo por el banco, ofrecen declaraciones explosivas que ocupan titulares en la prensa. Sus estados de ánimos son perfectamente comprensibles. Ellos se encargan de que todos lo sepan; mientras, otros son más tranquilos, prefieren el silencio y la inmovilidad, aunque en el terreno las cosas vayan mal para su equipo.

Muchos dicen que estos directores “llevan la procesión por dentro” y solo si se interpreta su mirada, tal vez se puedan entender sus sentimientos ante un error, un cuadrangular o un determinado lanzamiento. Su alegría se exterioriza, únicamente, después de concluido un partido con un desenlace favorable.

Varios aprendieron los diversos y complejos trucos de la pelota en un terreno, como peloteros; otros son más “académicos”. En Cuba hemos tenido directores de béisbol con características similares a las antes descritas; aunque, más allá de las lógicas diferencias de caracteres, algo los iguala: la eterna lucha por la victoria en un juego.

Seleccionar al mejor director de la pelota cubana luce como una “misión imposible”, por varias razones: en primer lugar hay que tener en cuenta el contexto histórico en el que se desarrollaron; segundo ¿qué elementos se tendrían en cuenta en esa supuesta elección? ¿La cantidad de victorias? ¿Los títulos?

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Los escribas regresan al estadio

Con las bases llenas es un libro interesante

Con las bases llenas es un libro interesante

El deporte cubano ha sido tratado de disímiles maneras por varios escritores y no sería arriesgado decir que abundan las biografías y que el béisbol es la modalidad que mayor número de títulos publicados acumula.

Entre las biografías de peloteros que brillaron antes de 1959 están la de José de la Caridad Méndez y Conrado Marrero, ambas escritas por Severo Nieto; además de la de Martín Dihigo, realizada por Alfredo Santana. Esta etapa del béisbol cubano no ha sido del todo estudiada y las escasas aproximaciones se quedan en la vida de los jugadores; pero no hay una profundización en la historia de los equipos más recordados y que intervinieron en la Liga profesional; tampoco existen los suficientes libros sobre otras ligas amateurs, ni acerca de los campeonatos mundiales que tuvieron al estadio “La Tropical” como sede entre 1939 y 1943. 

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Controversias con Papá Montero

Adolfo Luque, uno de los imprescindibles del béisbol cubano

Adolfo Luque, uno de los imprescindibles del béisbol cubano

Reconocido por muchos como uno de los mejores directores de todos los tiempos en el béisbol cubano, un lanzador sin tanta velocidad, pero con la suficiente inteligencia para ganar casi 200 juegos en Grandes Ligas, y, al mismo tiempo, un hombre polémico, con actitudes violentas, cercano a distintas personalidades políticas no muy bien recordadas por la historia. Así fue Adolfo Luque o Papá Montero, uno de los inmortales de la pelota.

Adolfo Domingo Luque Guzmán nació en La Habana el 4 de agosto de 1890 y a finales de la primera década del siglo XX, después de la segunda intervención norteamericana en Cuba, Luque se unió al cuerpo de artillería del Ejército y alcanzó notoriedad por su forma de defender la tercera base en la selección de las fuerzas armadas; aunque era bueno a la defensa, su potente brazo llamó más la atención y el club Fe de la Liga cubana lo firmó. Así comenzó su carrera profesional.

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Los Gigantes de Nueva York en La Habana

Adolfo Luque con el uniforme de los Gigantes

Adolfo Luque con el uniforme de los Gigantes

Durante las primeras cinco décadas del siglo pasado, los terrenos de béisbol de La Habana sirvieron como sedes del entrenamiento primaveral para varios de los principales equipos de las Grandes Ligas norteamericanas. El propósito principal de esas visitas era realizar los últimos ajustes en la preparación de los jugadores a escasos días del inicio de la temporada regular y las selecciones también aprovechaban su estancia habanera para jugar contra diversos equipos locales.

La franquicia de los Gigantes de Nueva York fue una de las más asiduas visitantes de nuestro país. De su presencia en Cuba se recuerdan dos momentos inolvidables: en 1920, con Babe Ruth en sus filas y en 1937 cuando una de las leyendas del béisbol cubano, Adolfo Luque, todavía lanzaba para ellos.  
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