La caza del Tigre Woods

No ha ganado un torneo desde que todo el mundo supo—incluida su ex esposa—que él no se parecía en nada a la imagen de deportista perfecto que le habían construido sus múltiples patrocinadores. Perdió por primera vez en cinco años el liderato mundial en el golf y sus ingresos publicitarios disminuyeron; pero Eldrick “Tiger” Woods confía en que el 2011 sea diferente y que la práctica del budismo le permita mantenerse alejado de las tentaciones…sexuales.

El último año ha sido muy complicado para quien no pocos consideran uno de los mejores golfistas de todos los tiempos. Su vida dio un giro radical después del 27 de noviembre de 2009 cuando su esposa, la modelo noruega Elin Nordegren, finalmente descubrió que Woods la había engañado, en más de 120 ocasiones.

Las revistas del corazón aprovecharon la caída del ídolo para vender más ejemplares. De repente aparecieron colecciones con las fotos de sus amantes—algunas de ellas estrellas del cine porno—, además, los creadores de la muy seguida serie de animados para adultos, “South Park”, le dedicaron un capítulo al golfista e Internet también funcionó como un espacio de burla contra Tiger, pues su figura fue protagonista de varios juegos online.

Durante dos meses Woods desapareció de la vida pública. De seguro todos los paparazis se lanzaron a la captura de una fotografía suya que demoró en aparecer, pero cuando lo hizo mostró al atleta recluido en una clínica, donde recibía tratamiento por su adicción al sexo. Esto disparó los rumores y al atleta no le quedó otra alternativa que pedir perdón públicamente y aclarar que esperaba regresar al golf.
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Galgos persiguen al dopaje

Nadie podrá negarles a las autoridades españolas su creatividad al nombrar a los operativos que, desde hace ya casi un lustro, intentan detener las amplias redes de creación y distribución de sustancias prohibidas entre atletas de alto rendimiento.

Puerto”, “Grial” y ahora “Galgo” llevaron ante el sistema judicial a entrenadores, deportistas y médicos; sin embargo, parece que estas operaciones no han podido llegar hasta el fondo de los problemas, ni las condenas han logrado disuadir a los tramposos que perseveran en su empeño de ganar competencias con músculos fortalecidos artificialmente.

Primero fue la llamada “Operación Puerto”, en mayo de 2006, considerada una de las alertas más fuertes que ha recibido el ciclismo en su historia. El descubrimiento de casi 200 bolsas de sangre, pertenecientes a importantes corredores, como Jan Ulrich e Iván Basso, mostró al mundo que algo andaba—todavía anda—muy mal en ese deporte que, inexplicablemente para algunos, continúa dentro del programa olímpico.

Tres años más tarde, en Valencia se desarrolló la “Operación Grial”, en la que las autoridades detuvieron al médico Walter Virú y encontraron en la casa del corredor Paquillo Fernández sustancias dopantes. Tanto “Puerto” como “Grial” tuvieron un gran impacto en fanáticos y especialistas; sin embargo, no sería arriesgado afirmar que el más reciente escándalo, “Galgo”, podría superar a sus nada ilustres predecesores.

El 2010 lucía como un año casi perfecto para el deporte español, sobre todo gracias al triunfo de la selección nacional de fútbol en el Mundial de Sudáfrica; pero dos noticias relacionadas con el dopaje han vuelto a golpear—lamentablemente— la credibilidad de los atletas ibéricos. Primero fue el caso del ciclista Alberto Contador quien después de ganar su tercer Tour de Francia quedó envuelto en un extraño caso de doping, a partir de la detección de clembuterol en una muestra de sangre.
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El deporte opta por la huelga

Para tristeza de los fanáticos así quedarían los estadios ante una huelga

Para tristeza de los fanáticos así quedarían los estadios ante una huelga

Árbitros, futbolistas, jugadores de baloncesto y hasta controladores aéreos saben o creen conocer una estrategia muy efectiva que forzaría a sus contrapartes a dejar a un lado todas las diferencias anteriores, para buscar una posible solución que satisfaga los intereses de aquellos involucrados en el conflicto: la huelga.

La pronunciación de este término despierta alarmas en atletas, propietarios de equipos, especialistas y, sobre todo, en los fanáticos al deporte, quienes terminan siendo los verdaderos perdedores en la mayoría de las polémicas. En los últimos meses de 2010 las huelgas han aparecido en reportes relacionados con la  NBA, NFL y diversas ligas europeas de fútbol. Algunas se mantienen como amenazas latentes para el año próximo; otras llegaron a cumplirse y causaron un serio daño al espectáculo.

En España las demandas no atendidas de los controladores aéreos provocaron el cierre de muchos aeropuertos. Esto afectó la movilidad de los equipos de la llamada “Liga de las estrellas” que se vieron forzados a recorrer grandes distancias, por carretera, para arribar a los estadios.
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Tommie Smith y el recuerdo de una protesta olímpica

Un gesto inolvidable

Un gesto inolvidable

El australiano Peter Norman no sabía exactamente qué iba a suceder, pero intuía que aquella ceremonia no sería igual a otras. Unas horas antes, Norman fue protagonista de una de las noticias más sorprendentes cuando superó al estadounidense John Carlos, aunque el esfuerzo no fue suficiente para sobrepasar al norteño Tommie “Jet” Smith quien registró un tiempo impresionante: 19,83 segundos y no tuvo problemas para ganar la final de los 200 metros.

Era octubre de 1968 y en la Olimpiada de México se utilizaba por primera vez una pista sintética para el atletismo. Esa innovación y la altura sobre el nivel del mar de la capital azteca propiciaron marcas inolvidables, entre ellas el estirón increíble de Bob Beamon hasta los 8,90 metros en el salto largo, un récord que estuvo vigente 23 años. Mientras los atletas se reunían en México, muchos en el mundo habían levantado su voz por un imprescindible cambio social. En Vietnam se vivían días sangrientos, los estudiantes en París continuaban con sus reclamos y en los días previos al inicio del evento el ejército mexicano había provocado la matanza de Tlatelolco.

Norman no era el favorito en la carrera de los 200 metros y quizás por eso disfrutó tanto su medalla de plata. En los minutos previos a la ceremonia, Tommie y John Carlos se acercaron al australiano y le entregaron una pequeña insignia que simbolizaba un reclamo por los derechos civiles. Sin pensarlo dos veces se la colocó en el pecho y marchó junto a los estadounidenses hacia el podio.

El himno del vencedor comenzó a escucharse en el estadio azteca. ¡Oh say can you see…y en ese momento el estupor se apoderó de Norman. A su lado, Tommie y John Carlos, ya sin zapatos, habían agachado su cabeza y levantaban el puño derecho uno, el izquierdo el otro, con un guante negro, en señal de protesta por la segregación racial que se sufría con tanta intensidad en Estados Unidos.
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Un Contador de cuentos

¿Se unirá el rostro de Contador a estos "ilustres" del ciclismo?

¿Se unirá el rostro de Contador a estos "ilustres" del ciclismo?

Erase una vez un famoso ciclista que lo había ganado todo en su deporte. En su habitación no quedaba mucho espacio para acoger los trofeos de las más famosas carreras, como el Tour de Francia, un Giro de Italia y una Vuelta a España. La felicidad lo embargaba cada día y era aclamado por la prensa y los fanáticos; sin embargo, una tarde se supo en Madrid que algo raro pasaba con él.

Ese “algo” eran los restos de clembuterol, una sustancia prohibida que habían detectado ciertos doctores, durante su última incursión en el Tour de Francia. A la estrella la llamaban Contador y, sin perder ni un minuto, él y su enorme equipo de ayudantes respondieron a las acusaciones. Dijeron que era una infamia, que lo que probablemente habría sucedido fue que en la prueba salieron los restos de un bistec de res que había ingerido algún tiempo atrás en España. Esa carne estaba contaminada con el clembuterol que utilizan ciertos ganaderos, de forma ilegal en Europa, para aumentar el peso de sus vacas y así obtener mayores ingresos, agregó el ídolo.

En su ciudad quisieron creerle. No se veía nada bien en el historial del país que una de sus principales estrellas hubiera competido dopado. Además, el deporte español vivía un momento espectacular, con triunfos colectivos en el fútbol y en el baloncesto, además de los éxitos de Rafael Nadal en el tenis. No, definitivamente no podía ser, decían los pobladores y ciertos medios de comunicación los secundaban; aunque otros, en la misma urbe, movían la cabeza en señal de ¿preocupación? ¿descreimiento? ¿consideración hacia el triple monarca del Tour?
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El Cohete cerró sus puertas

En 2008 su nombre apareció en el Reporte Mitchell. Al siete veces ganador del premio Cy Young de las Grandes Ligas lo acusaban de utilizar la hormona de crecimiento humano para mejorar su rendimiento. Eso él no lo podía permitir, así que asistió ante un Comité de la Cámara de Representantes y juró decir la verdad, nada más que la verdad; pero varias pruebas indican que, en realidad, Roger Clemens, el “Cohete”, pronunció una mentira tras otra y por eso podría ir a la cárcel.

Antes de que se hiciera público, en 2007, el informe de 409 páginas, elaborado por una comisión, liderada por el senador George Mitchell, Clemens parecía tener su vida muy bien planificada: dos décadas en los montículos de las Mayores, dos anillos de Serie Mundial, 354 victorias, 4672 ponches y 3,12 de efectividad. Nadie hubiera pensado que el Cohete no era un legítimo candidato para ser exaltado al Salón de la Fama en su primera oportunidad. Entonces surgió el ya famoso reporte, en el que el nombre de Roger Clemens se mencionó en 82 ocasiones.

El escándalo no demoró en estallar y Clemens, al igual que tantos otros peloteros, fue convocado a un Comité de la Cámara, para que ofreciera su testimonio sobre las presuntas acusaciones por consumo de esteroides. En aquel momento pronunció una frase que con el tiempo se ha demostrado su certeza: “no importa lo que discutamos hoy, mi nombre nunca más quedará restablecido”.

Dos años después, el nombre de quien fue considerado uno de los lanzadores más dominantes de los últimos 20 años, ha sufrido un gran descrédito. El Cohete continúa insistiendo en su inocencia; aunque su antiguo entrenador, Brian McNamee, tiene una opinión distinta.

Este polémico hombre aseguró que inyectó a Clemens en más de una docena de ocasiones con la hormona de crecimiento humano (HGH), entre 1998 y 2001, cuando el Cohete vestía el uniforme a rayas de los Yankees de Nueva York. McNamee incluso les entregó a las autoridades federales gazas, frascos y agujas  que, alega, fueron utilizadas para inyectarle las drogas a Clemens. Una prueba del ADN podría corroborar o desmentir estas “evidencias”, que estuvieron guardadas en una caja, en la residencia neoyorquina de McNamee…durante ocho años. “Evidencias” poco creíbles, dirían muchos y con razón.
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Fernando Alonso y el trabajo en equipo de la F1

La maniobra fue simple: Felipe Massa sacó el pie del acelerador y Fernando Alonso aprovechó para sobrepasar al coche de su compañero de escudería. Creo que todos los que vimos esta acción imaginamos que habría reclamaciones y ciertamente casi un mes después del gran premio de Alemania de la F1, el debate sobre la decisión de Ferrari continúa generando polémicas.

Por la transmisión pudo escucharse cuando el ingeniero de Massa, Rob Smedley, le dijo: “Fernando es más rápido que tú, ¿me puedes confirmar que has entendido el mensaje?” Más claro, imposible. Por supuesto que el brasileño comprendió lo que tenía que hacer y dejó pasar al doble campeón mundial. Pura y simple matemática: el español está en la pelea por el título de conductores; mientras Massa ya no tiene posibilidades ni siquiera de terminar en las tres primeras posiciones del campeonato. La temporada 2010 ha sido muy cerrada y un punto pudiera decidir al vencedor.

A los pocos días, los comisarios de la carrera multaron a Ferrari con 100 mil dólares; pero el asunto no terminó allí y no pocos reclaman la retirada total de los puntos obtenidos por la escudería en Alemania.

El debate parece girar alrededor del trabajo en equipo; pero me niego a apoyar lo realizado por Alonso bajo esta idea. Para mí queda claro que son dos pilotos, de una misma escudería, que paga sus multimillonarios salarios y que gana mientras mejor terminen sus hombres; pero no puede ser que bajo el concepto de “team work”, un conductor, abiertamente, se deje adelantar.

Ferrari argumenta que con esa maniobra no perjudicó a ningún otro piloto. Cierto, pero parece olvidar que sí dañó la imagen—que no anda muy bien en estos tiempos—de la Fórmula 1. Por tanto, aunque los de Marinello amenacen con llevar el caso a un tribunal civil—y millones tienen para costear todo el proceso— considero que retirarle los puntos significaría un mensaje muy claro y quedaría establecido un precedente, por el cual se podrían juzgar futuros adelantamientos, “por el bien del equipo”.

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