El baloncesto cubano y el sueño olímpico

La noticia ha sido una de las más agradables para el deporte cubano en 2011: el equipo masculino jugará el preolímpico de baloncesto, previsto para celebrarse en Mar del Plata, Argentina, entre el 30 de agosto y el 11 de septiembre. ¿Pronóstico para la selección? Probablemente concluya en la última posición de su grupo y tal vez en determinados desafíos la superioridad de los rivales se traduzca en diferencias de más de 20 puntos. En realidad, poco importa el resultado, al menos en este preolímpico.

Después de más de una década con muchísimas más penas que glorias, el baloncesto cubano necesitará un largo período de tiempo para intentar acercarse al nivel que tiene este deporte en Latinoamérica. Ni hablar del nivel mundial. Escribo estas líneas con cierta tristeza porque guardo en mi memoria (no en la flash) una etapa prometedora para Cuba, que podría situar desde mediados de los años noventa hasta el 2001, cuando la generación que lideraban Lázaro Borrell, Ángel Oscar Caballero, Judith Abreu y los hermanos Herrera [Roberto Carlos y Ruperto] era capaz de vencer a Puerto Rico, con Piculín Ortiz como centro.

Aquellos eran los tiempos en que la Liga Superior de baloncesto atraía a las gradas de la sala “Ramón Fonst” [en La Habana], “Amistad” [en Villa Clara] o “Alejandro Urgellés” [Santiago] a miles de personas, que seguían muy de cerca la actuación de Capitalinos, Orientales o Centrales. Casi nadie recuerda esos torneos; pero durante un lustro despertaron un enorme interés entre los fanáticos.

¿Cómo olvidar la presencia de Cuba en el Mundial de Toronto, en 1994? ¿Y el triunfo sobre Puerto Rico, en el Centrobásquet, efectuado en La Habana? Sin dudas son momentos esenciales del baloncesto nacional; aunque apenas queden imágenes de ese equipo, porque la desmemoria, ya sabemos, es muy dañina. Esto ocurrió una década atrás, ¿qué decir del equipo que obtuvo la histórica medalla de bronce, en los Juegos Olímpicos de Múnich, en 1972? Sería interesante preguntarle a las nuevas generaciones por los nombres de algunos integrantes de esa selección. Quizás no conozcan ni a uno solo.

Entonces, ¿qué le pasó al baloncesto cubano en el siglo XXI? Muchos jugadores partieron a probar fortuna en los más diversos sitios. Borrell incursionó, sin mucha suerte, en la NBA; mientras, el desarrollo de nuevos talentos en la Isla quedó truncado. Retrocedimos tanto que el solo hecho de participar en el Preolímpico de Mar del Plata es ya un triunfo. Los contrarios en la ciudad argentina serán fortísimos: Brasil, Venezuela, Canadá y República Dominicana. Todavía no se conoce si estos equipos llevarán a los atletas que juegan en la NBA; pero con el talento de sus ligas locales sería más que suficiente para derrotar a Cuba. Entonces, la aspiración cubana en el preolímpico se reduce a una sola: adquirir experiencia. Y eso, en el panorama del deporte en la Isla, en 2011, no es poco.

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