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La Serie Nacional de béisbol, una historia de cinco décadas

El principal evento deportivo que se celebra en Cuba, el más seguido, discutido, querido y también criticado es la Serie Nacional de béisbol.  Creo que todos reconoceríamos la gran importancia del campeonato que durante cinco meses al año nos entretiene con nuestra principal pasión deportiva. No importa lo que suceda después: no hay nada más importante que el triunfo en el play off final del equipo de nuestra preferencia. En ese momento olvidamos algunos malos ratos y hasta los problemas que nos agobian en la vida cotidiana, porque, a fin de cuentas, ¡ganamos el título de la pelota! La Serie Nacional arriba a su versión número 50 y ante este aniversario cerrado, pues me parece oportuno recordar a los iniciadores, a los que lanzaron la primera pelota, en el ya lejano 1962.

Muchas cosas habían cambiado en la pelota cubana después de 1959. Durante dos años más se celebró la Liga profesional; pero la temporada del 60-61 enfrentó demasiados problemas. Desde Estados Unidos el comisionado de las Mayores, Ford Frick, le prohibió a los peloteros estadounidenses la participación en la Liga, porque supuestamente “no había seguridad para ellos”, realmente un argumento poco creíble.

Entonces, por primera vez en un largo tiempo, la Liga solo tuvo a jugadores cubanos en las nóminas de los 4 equipos que, desde finales de la década del cuarenta, disputaban los campeonatos, es decir, Alacranes de Almendares, Leones del Habana, Tigres de Marianao y Elefantes de Cienfuegos. Precisamente los Elefantes, dirigidos por Tony Castaño, fueron los últimos campeones. Luego llegó la recordada “Resolución 83-A del Instituto Nacional de Educación Física y Recreación” que eliminó el profesionalismo del deporte en Cuba. Esto marcó el final de la Liga.
Ante este vacío dejado por el torneo más seguido en la Isla, aunque solo se jugara en La Habana, era imprescindible crear un nuevo campeonato de pelota, esta vez completamente amateur. Lo llamaron Serie Nacional y su fecha inaugural quedó prevista para el 14 de enero de 1962. No obstante, algunos dudaban del posible éxito de la iniciativa, pues ¿cómo garantizar la calidad sin la presencia de los jugadores profesionales? Muchos de ellos habían decidido continuar sus carreras en otros países, sobre todo en Estados Unidos. En realidad se extrañó la presencia de algunas de estas grandes estrellas; sin embargo, el desarrollo que había tenido por décadas la pelota amateur garantizó que las nóminas de la primera Serie Nacional estuvieran conformadas por jugadores de experiencia, obtenida por su constante presencia en los fuertes torneos amateur que se efectuaban por todo el país.

Quizás para continuar la experiencia de la Liga profesional, en la Serie inaugural se prepararon cuatro equipos. El principal favorito al título era Occidentales, dirigido por el experimentado Fermín Guerra. En su róster aparecían peloteros de Matanzas, Pinar del Río y también de La Habana. Entre sus figuras principales estaban los matanceros Edwin Walters, Tomás Soto y Manuel Hernández; también el pinareño Fidel Linares e incluso el villaclareño Lázaro Pérez jugó para Occidentales en aquella temporada. De La Habana estuvieron Urbano González, Pedro Chávez y Ñico Jiménez.

Otro de los favoritos era Oriente que agrupó a jugadores de la entonces provincia del mismo nombre. Bajo la dirección de Pedro “Natilla” Jiménez alinearon grandes figuras como Ramón Hechavarría, Rolando “el Gallego” Valdés, Andrés Telemaco, Modesto Verdura y Manuel Alarcón, el siempre recordado  “Cobrero”.

En la nómina de Azucareros quedaron incluidos peloteros de Las Villas; aunque también se unieron algunos de Camagüey y hasta de Holguín. Creo que aunque se trató de respetar al máximo la provincia de origen de cada atleta, en realidad se hicieron diversos movimientos, probablemente para equilibrar a las selecciones. Pues bien, a los Azucareros los dirigió Tony Castaño, precisamente el hombre que condujo a Cienfuegos al último título de la Liga profesional.

Castaño conformó una fuerte alineación, en la que sobresalían el espirituano Owen Blandino y el camagüeyano Miguel Cuevas; mientras desde el montículo Aquino Abreu, Jorge Santín y Román Aguila recibieron las principales responsabilidades en la rotación. Por último, Habana tomó el nombre de los desaparecidos Leones; pero su rendimiento fue pobre en la temporada inaugural de las Series.

El manager José María Fernández sin dudas tenía experiencia desde el banquillo y el róster no lucía mal, con Alfredo Street, Franklyn Azpillaga y Raúl “la Guagua” López como líderes del cuerpo de lanzadores; sin embargo, las cosas no funcionaron para los habaneros; aunque, por supuesto, el 14 de enero de 1962, fecha señalada para el inicio de la versión inaugural de la Serie Nacional, nadie podía imaginar qué sucedería en los 27 partidos para cada equipo que contemplaba el calendario.

Ese día jugarían los cuatro equipos, en una doble cartelera, en el Gran Stadium del Cerro. En el primer partido de la historia de las Series Nacionales, Azucareros venció a Orientales 6 carreras por 0, gracias a un excelente trabajo de Jorge Santín quien dejó en apenas tres indiscutibles a los orientales. Poco después comenzó el segundo desafío, esta vez con Occidentales y Habana como rivales.

El juego fue mucho más reñido e incluso se fue a extrainnings. Finalmente Occidentales, con Manuel Enrique Hernández, triunfó 3 a 1. El revés fue Alfredo Street. Durante las siguientes semanas, hasta el 3 de marzo, los cuatro equipos lucharon por la corona; aunque a la mitad del calendario ya era evidente la superioridad de los Occidentales, dirigidos por Fermín Guerra.
En este equipo resaltaba la profundidad del pitcheo, pues Manuel Enrique Hernández concluyó como líder del torneo, con 6 éxitos y 94 ponches; mientras, Antonio Rubio, Rolando Pastor y José Mesa alcanzaron cada uno tres triunfos. Rubio obtuvo el mejor promedio de carreras limpias, con 1,39.

En general la Serie de 1962 fue un torneo de poca ofensiva; no obstante, los bateadores de Occidentales lucieron mucho mejor que sus contrarios y esto se demuestra al analizar los lideratos. Por ejemplo, Edwin Walter disparó 29 indiscutibles, en 79 turnos al bate y con promedio de 367 se convirtió en el primer campeón de bateo en las Series. Urbano González fue el máximo anotador de carreras, con 19 y también de jits, con 40. Para completar el dominio occidental, Pedro Carvajal y Tomás Soto impulsaron 19 anotaciones, igualados con el oriental Ramón Hechavarría.

De los 27 partidos efectuados, Occidentales ganó 18 y este excelente promedio de 667 le permitió al equipo de Fermín Guerra sacar una cómoda diferencia de 5 desafíos sobre los ocupantes de la segunda posición, Oriente y Azucareros que terminaron empatados con 13 triunfos y 14 reveses. En la última plaza concluyó Habana, con apenas 10 victorias. Un año después de la coronación de Occidentales, se inauguró, también en el Gran Stadium del Cerro, la segunda versión de la Serie. Otra vez el formato de competencia incluía a 4 equipos; aunque se produjo un cambio que sería trascendental: en lugar de Habana apareció Industriales, la selección que más títulos acumula en la historia.

Durante casi medio siglo las Series Nacionales nos han acompañado, año tras año. Los resquemores de la etapa inicial fueron quedando atrás, hasta desaparecer; aunque nunca debería quedar en el olvido los 84 años de existencia de la Liga profesional cubana.

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Una respuesta

  1. Miguel..guarda esta introduccion al post para tu libro futuro,,esta very good…es un analisis equilibrado y periodistico…excellent…

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