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El regreso de Víctor Mesa

Lo vi en las gradas del estadio Latinoamericano y su imagen, ahora con muchísimas libras de más, me hizo recordar los días en que yo, muy niño, atravesaba los escasos metros que separaban mi casa del estadio Sandino, en Santa Clara, para ir a presenciar los partidos en los que él, indudablemente, era una de las grandes estrellas cuando en este país los grandes peloteros abundaban.

Una vez me llevaron a conocerlo personalmente. Yo tenía menos de 10 años, pero recuerdo el bullicio en las gradas y los camerinos en los que se apretujaban los jugadores del equipo Las Villas. Era la Serie Selectiva de 1990 y nunca pude imaginarme que pocos días después de aquel encuentro, Víctor Mesa lograría robarse el home por octava ocasión en su vida. Solo que en aquella ocasión las cosas no salieron bien, pues sufrió una fractura de su mano.

Menos de un lustro más tarde me llevaron a su casa. Ya él era campeón olímpico, en Barcelona. Víctor lo había logrado todo, pero seguía siendo la misma persona sencilla (y todavía espero que lo sea, aunque de seguro su cuenta bancaria ha crecido, sin embargo, de veras deseo que el niño humilde de Sagüa la Grande no olvide sus raíces). Ese día mi ídolo deportivo me regaló una pelota que todavía conservo. Su firma en la bola que una vez fue blanca apenas es visible; no obstante, mantendré por siempre ese recuerdo.
Luego vino lo de su retiro, sin dudas prematuro. Sobre esa época gris de la pelota cubana se pudiera (debiera) escribir una novela. Las trazas de las erróneas políticas seguidas por los directivos, encabezados por el tristemente célebre comisionado en ese momento, Domingo Zabala y el entonces director del INDER, hoy flamante miembro del Comité Olímpico Internacional, Reynaldo González, marcaron al béisbol. Es cierto que tanto Víctor, como Lourdes Gourriel, Ermidelio Urrutia, Lázaro Junco, Jorge Luis Valdés y tantos otros aceptaron la decisión del retiro; sin embargo, ¿qué otra opción queda cuando alguien te dice que, como eres “viejo”, debes darle paso a las “nuevas generaciones? No muchas.

Eso alejó a mi ídolo de los terrenos. Nunca más regresó a ellos. Otros, como Ermidelio o el Tati Valdés, retornaron brevemente, pero solo fueron sombras. También tengo guardada en mi memoria la ceremonia de despedida del número 32 de Villa Clara, ante un estadio Sandino repleto como pocas veces en su historia de cuatro décadas.

Entonces le perdí el paso por algún tiempo. Regresó en 1999 como director de Villa Clara y la promesa de llevar al equipo a la conquista de un título nacional. No pudo ser. Lo intentó por nueve años y alcanzó dos finales, siempre contra Industriales. En ambas cayó por barrida (0-4) y decidió partir, otra vez.

Supe que andaba por México, donde dirigió a los Cafeteros de Córdoba, en la Liga Invernal Veracruzana de Béisbol Profesional y que había apoyado al equipo nacional en su incursión mexicana del II Clásico Mundial, en marzo de 2009.

Volví a perder sus pasos y ahora lo encuentro sentado en el estadio Latinoamericano, el mismo día que Industriales garantizó su presencia en la postemporada de la 49 edición de la Serie Nacional. ¿De vacaciones? pensé. Tal vez era lo más lógico; sin embargo, buscando algunas noticias por Internet encontré, probablemente, la verdadera razón de la visita de Víctor: la selección que él dirige actualmente, Águilas de Veracruz, de la Liga Mexicana de Béisbol, entrenará en La Habana durante tres semanas.

Me remito al cable de la agencia de noticias AP, con declaraciones de Víctor: “El objetivo es entrenar para preparar un equipo competitivo, con un juego cohesionado, explotando la velocidad en función de la ofensiva”. Más adelante, Víctor explicó que su equipo utilizará los primeros días en La Habana para entrenar en un terreno de la Ciudad Deportiva (de seguro el estadio Changa Mederos) para luego “jugar unos seis o siete partidos contra elencos cubanos” que no estaban definidos.

Los de Veracruz concluyeron quintos en su zona el año pasado y para la muy próxima campaña que comienza el 16 de marzo, el Águila tiene como objetivo alcanzar el título que le ha resultado esquivo desde 1970.

Veremos cómo le va a Víctor con este equipo. Ojalá que triunfe; pero la iniciativa de traer a los mexicanos a topar me parece excelente, solo que ellos llegarán en muy mal momento, porque aquí se estará jugando la postemporada, así que a pocos les importará que las Águilas enfrenten a… ¿quién? Espero que no a Metropolitanos.

Vea además: Los Rojos del Águila llegan a Cuba

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