La paciente impaciencia por otro Roberto Balado

Añoranza por Roberto Balado

Añoranza por Roberto Balado

Las peleas entre los hombres de mayor peso corporal suelen ser de las más esperadas, atractivas y espectaculares en los carteles de boxeo. La fuerza de los golpes de estos hombres atrae y de ellos se espera, siempre, un fuera de combate fulminante que deje al rival tendido sobre la lona.

Quizás por estos estereotipos físicos, el mundo vio con sorpresa cómo un pequeño boxeador cubano, con apenas unos kilogramos por encima de los 91, llegó a ser considerado como el mejor peleador del mundo a principios de la década de los noventa del siglo pasado.   Con una gran movilidad sobre el cuadrilátero, una excelente técnica y también un gran golpeo, aunque nunca fue su fuerte, este hombre no tuvo rivales en un lustro y su nombre brilló en los principales escenarios mundiales. Nada parecía capaz de frenarlo. Solo un fatal accidente, en el mejor momento de su carrera, pudo derrotar a Roberto Balado; pero en sus 28 años logró tantos triunfos que se ganó el derecho indiscutible a ser considerado una leyenda, no solo del deporte cubano, sino también del boxeo amateur.
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Regreso al Club de ajedrez de La Habana

Caminar por las calles habaneras significa recorrer una parte de la historia del deporte cubano. Quizás muchos de los visitantes o de los nativos o adoptados por la capital no reconozcan que en los terrenos donde hoy está la Terminal de ómnibus nacionales estuvo situado el estadio Almendares Park, hasta que el ciclón del 1926 lo dejó en muy malas condiciones y seis años después tuvo que ser cerrado. Algo similar ocurre con La Tropical, la instalación construida para los Juegos Centroamericanos, celebrados en La Habana en 1930. El magnate Julio Blanco puso el dinero de aquella construcción que luego se convirtió en el escenario principal de la Liga profesional cubana de béisbol por casi dos décadas. Hoy pocos reconocen el lugar donde se escribieron tantas páginas gloriosas.

Para vencer a ese olvido y que los lugares célebres recobren al menos el valor simbólico que una vez tuvieron, resulta imprescindible regresar a la historia. En una de las calles más conocidas del Centro Histórico de la ciudad, Mercaderes, exactamente entre Obispo y Obrapía, existió desde 1885 uno de los sitios más importantes para el llamado juego ciencia: el Club de Ajedrez de La Habana.
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