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La televisión no acaba con todo

La televisión no es enemiga del deporteExcesiva comercialización, cambios forzosos en las reglas de juego, discriminación de modalidades. Todos estos males afectan hoy al deporte, aunque se pudieran agregar otros, como el dopaje o la rápida adquisición por los atletas de nuevas nacionalidades. La lista de culpables sería larga, pero la televisión parece ser una de las candidatas de mayor fuerza.

 

El título de este artículo le hace un guiño a un breve cuento del escritor cubano Gustavo Eguren, donde el protagonista se lamenta, en todo momento, por la adquisición de un aparato telerreceptor que, supuestamente, acabó con su relación de pareja. Igual paralelismo podríamos establecer entre el deporte y la televisión. Los más férreos críticos no dudan en alzar su voz—o mover sus dedos sobre el teclado del ordenador, para no utilizar la expresión anacrónica de “la pluma”— contra los efectos dañinos provocados por la creciente dependencia televisiva de los deportes.

 

Pero aceptar tácitamente que muchos de los problemas del presente se derivan de la excesiva dependencia hacia la televisión, sería utilizar a esta como chivo expiatorio. Ignorar las ventajas aparecidas desde que las Olimpiadas de Berlín, en 1936, se retransmitieron por primera vez para apenas unos pocos hogares de la Alemania nazi, sería también cometer una gran injusticia histórica. Sin esa señal, los Juegos Olímpicos no despertarían tanto interés. Otras modalidades no habrían surgido o hubieran desaparecido ante el desconocimiento.

 

Al mismo tiempo, una rotunda negación de los problemas que existen por la influencia de la televisión implicaría caer en la ingenuidad. Los medios de comunicación, en especial la televisión, juegan un papel determinante en la concepción de horarios de competencias, en las reglas de juego, la selección de los contrarios, hasta en el otorgamiento de la sede de grandes eventos.

 

Hoy las cadenas televisivas presionan para que los calendarios de eventos nacionales e internacionales se adapten a las exigencias de los productores, los cuales se atienen a los intereses de los patrocinadores, más que al de los televidentes. Las competencias olímpicas retrasan o adelantan sus inicios para complacer a aquellos que pagaron por los derechos de retransmisión. Si en la Olimpiada de Roma, en 1960, la poderosa CBS norteamericana desembolsó 50 mil dólares, en Beijing la cifra crecerá hasta más de mil 700 millones. En la capital china varias modalidades tendrán lugar en horarios nada ventajosos para los espectadores locales; pero sí en los momentos de mayor teleaudiencia en el resto del mundo.

 

De seguro nadie quiere repetir la experiencia de la cadena NBC, la cual casi se declara en bancarrota durante los Juegos de Barcelona, en 1992, cuando tenía los derechos; sin embargo, la diferencia de horarios impidió que las principales competencias tuvieran la cantidad esperada de telespectadores.

 

Como si esto no fuera suficiente, la popularidad de los deportes aumenta o disminuye de acuerdo con la cobertura televisiva que reciba. Solo así se explica el rápido auge de algunas disciplinas como el voleibol de playa. La espectacularidad es la palabra de orden. Si ella no está presente, entonces ese deporte podría salir de las pantallas, con resultados fatales. Por tanto, aquellas modalidades menos “transmisibles” han variado sus reglas de juego. Todo por tener más horas de cámara. El voleibol de sala adoptó un nuevo sistema de puntos, introdujo el líbero y creó una vestimenta más atractiva, sobre todo en las mujeres.

 

En el fútbol americano se utilizan las repeticiones televisivas para determinar si la decisión arbitral fue correcta. El judo aprobó el uso de un kimono azul; la esgrima exigió que sus atletas emplearan máscaras transparentes; el tenis de mesa, la lucha libre y grecorromana, también decidieron seguir el ritmo de los tiempos de dominio televisivo e introdujeron variantes. La extraña división de la pelea, en las dos modalidades de la lucha, puede tener varias explicaciones, pero una de las más importantes está vinculada con la idea de crear un espectáculo más comerciable, aun en contra de la verdadera calidad de los luchadores.

 

En Cuba, con un sistema de medios de comunicación diferente y sin publicidad, la oferta deportiva en la televisión se ha incrementado en el último lustro. Durante los pasados Juegos Panamericanos de Río de Janeiro se logró una programación de 24 horas, una experiencia que pudiera repetirse en Beijing. Además, en los momentos donde coinciden dos competencias de interés para el país, ya es costumbre que los canales de alcance nacional reacomoden su programación para permitir la transmisión del evento.

 

La demanda por una programación deportiva más completa no se detiene en el mundo y esto ha provocado la creación de decenas de canales exclusivos para los deportes. Entre ellos la competencia por adquirir los derechos de transmisión de determinados torneos o deportes alcanza cifras millonarias; pero la existencia de la transmisión no significa que todos puedan verla. Para eso las personas tienen que estar suscritas. Así funciona el negocio. Cada vez son menos los derechos adquiridos por canales de alcance nacional en la mayoría de los países. Es el reinado de ESPN, Fox Sports y otros que han penetrado en los mercados de todos los continentes. Detener este movimiento resulta muy difícil, quizás el término más adecuado sea contener.

 

Ante esta realidad es imprescindible mantener una postura crítica frente al rol que algunas cadenas pretenden desempeñar; pero tampoco se puede perder la perspectiva y culpar, como el personaje del cuento de Gustavo Eguren, a la televisión por el resto de los problemas. Ella, definitivamente, no acaba con todo.

 

Por Miguel Ernesto Gómez Masjuán. Publicado en Cubasí (www.cubasi.cu)

 

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Una respuesta

  1. Amigo Miguel; El desarrollo cientifico tecnico , muchas veces va mas rapido que nuestra capacidad para asimilarlo…por example..yo veo mis juegos de baseball en mi IPhone….Gravb algunos en mi IPOD y los veos cuando viajo en avion…..o sea que los medios de comunicacion masiva, es imparable y util….y el deporte no puede quedarse atras pues forma parte de ese gran juego..que son los advances tecnologicos….muy bueno tu blog …eres una persona de una gran inteligencia y preparacion y tiene todas las herramientas para triunfar…mis saludos cordiales…Desde Miami.

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